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ESPAÑA, 1760-1815

 

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LOS CUATRO FILÓSOFOS DE RUBENS

 

RESEÑA BIOGRÁFICA

 

Gaspar María de Nava Álvarez (Castellón de la Plana, 1760-Madrid, 1815) es más conocido literariamente por su título nobiliario, Conde de Noroña. Nació en la capital castellonense donde su padre desempeñaba el cargo de gobernador político y militar. Fue militar, profesión en la que alcanzó importantes grados tras destacables servicios y éxitos bélicos: ataque a Gibraltar en 1782, donde presenció la muerte de José Cadalso, a cuyo hecho dedica una emotiva y elogiosa elegía «A la muerte del Coronel don José Cadalso, Comandante de Escuadrón del Regimiento de Caballería de Borbón»; campañas en el Rosellón en la guerra española contra Francia en 1793, que dieron pie a una de sus más valoradas composiciones: «A la paz entre España y Francia. Año de 1795»; y la victoria de San Payo, en Galicia, en la Guerra de la Independencia en 1809. Fue condecorado con las Grandes Cruces de San Fernando y San Hermenegildo. Desempeñó las funciones de diplomático con celo y eficacia en la República Helvética (1799) y en San Petersburgo (1802), y, más tarde, de Gobernador Militar y Político en Cádiz, en 1811, donde se relacionó con el Duque de Rivas, quien le dedicó un férvido poema. Murió en Madrid en 1815, según la mayoría de sus biografías.

Si en su tiempo fue reconocido como destacado poeta, «Su literatura y sobresaliente mérito poético le dieron cabida en la Academia Española de que fue individuo» (4), después ha vivido un largo purgatorio, alejado del público reconocimiento literario. Salvo algunas referencias, principalmente a pie de página, es un autor que ha pasado desapercibido.

La reivindicación historiográfica actual del siglo XVIII también alcanza al Conde de Noroña. Su obra ejemplifica la variedad de estéticas que se entrecruzan en el cambio de siglo, destacando una vez más la fragilidad de acotar los movimientos literarios con criterios cronológicos y aún más tratándose de un siglo tan complejo como el XVIII.

 

Fuente: http://www.ale.uji.es/norona.htm

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A BELISA
AQUÍ DO SILENCIOSO...
GAZELA XXI
GAZELA XXX
RETRATO DE LA TRISTEZA DEL DOCTOR YOUNG
SI DESPUÉS DE LA MUERTE...




A BELISA

Belisa, ¡cuán hermoso
es ver de rubias mieses coronado
un terreno espacioso,
de arbustos rodeado
y flores olorosas esmaltado!

¡Cuán dulce el arroyuelo,
que con curso apacible retorcido
riega al ameno suelo,
y halagando el oído
convida al sueño con su lento ruido!

¡Cuán gracioso parece
el pájaro en el árbol ir saltando,
que en la rama se mece,
y que está requebrando
a su amada, canciones entonando!

¡cuán grato es ver hinchadas
las velas de un convoy muy numeroso,
y que las aceradas
proas al mar furioso
dividen con un surco prodigioso!

Pero más lisonjero
que el campo, que el arroyo, más que el ave,
más que el convoy ligero,
y a mi alma más suave,
es gozar de tu pecho, que amar sabe,

y en tus brazos preciosos
hallar todos los gustos reunidos;
esos gustos sabrosos,
y tan apetecidos,
que adormecen al punto los sentidos.





AQUÍ DO SILENCIOSO...

Aquí do silencioso
corre el blando Guadiana cristalino
sin azotar ruidoso
las piedras de camino,
o encanecen de espuma la ribera.

Tan manso, que creyera
cualquier que lo mirase
que, estancadas sus aguas, no se mueve,
o de su curso leve
la fija dirección equivocase:
aquí que la espesura
de los fresnos y arbustos enlazados
mantiene la frescura,
y ajenos meneados
al dulce soplo del calmoso viento,
nos llaman al contento
del blando meditar, placer süave
que el alma melancólica y sensible
tan sólo encontrar sabe
aquí en la soledad apetecible.

Ven, tierno Ypanco, ven, y tú, mi Anfriso,
fiel Anfriso, venid, venid, sin mora
al lado de Feniso,
que agitado os implora.
Venid aquí y gocemos
la sabrosa amistad tranquilamente
y en su seno clemente
el bullicio dejemos.
La sociedad los hombres olvidemos.

A la furiosa guerra siguió luego
la dura esclavitud. El inclemente
vencedor conservó la triste vida
del mísero vencido,
y juzgando demente
le estaba concedida
facultad para habérsela extinguido.
Sumiólo en servidumbre aborrecible
a que fuera la muerte preferible.
Vergonzosas cadenas
obras de la injusticia más tirana
de vilipendio llenas,
cayeron a agobiar la especie humana.

Así do quiera que la vista tiendo,
sola la humana sociedad me ofrece
un laberinto horrendo
de males que parece
sobrepujan, si bien lo examinamos,
los bienes todos que en aquella hallamos.

Tan sólo el egoísmo
a los hombres ocupa y los dirige,
la virtud, la justicia, el patriotismo,
la santa y celestial beneficiencia,
sólo en muy pocos corazones mora.
Sólo muy pocos la verdad adoran.
Y nadie en la violencia
de la opresora esclavitud se atreve
a querer anunciarla,
y sólo puede en su interior llorarla.
Todo es esclavo, todo.

Las ciencias y las artes
gimen, sin libertad y despreciando
el saber verdadero en todas partes,
es tal vez como un crimen condenado:
todo en cadenas mil está sumido
y aún el raciocinar ya prohibido.

Así de nuestra vida
viéramos sin temor aproximarse
el dulce fin; y cuando la homicida
Parca nos sorprendiera
en plácido deliquio
la muerte apareciera.
Y diéramos los últimos alientos
cual en un sueño blando
a el Amor y Amistad himnos cantando.





GAZELA XXI

Nada podrá arrancar del alma mía
de mi joven gentil la imagen grata,
ni la memoria del ciprés pomposo
de mi pecho jamás será borrada.

No lograrán el hado enfurecido
ni la fortuna con rigor voltaria
que la miel de tus rojos labios sea
de mi sediento corazón borrada.

Enredado en tu negra ondosa crencha
está mi corazón desde la infancia;
hasta la muerte unión tan agradable
no será deshecha, ni borrada.

Arrebatarme las pasiones fieras
lo pueden todo con ardientes ansias;
sólo no pueden de mi amante pecho
esta agradable llama ver borrada.

Mi violenta pasión con tal impulso
ha sido impresa en lo interior del alma,
que aunque mi cuello dividido sea
jamás esta impresión será borrada.

Si en sus amores mi alma mostró exceso,
es preciso no obstante disculparla;
está enferma, la fiebre que la agita
quisiera, ¡ay triste!, al punto ver borrada.

El que no quiera como Hafiz mirarse
lleno de frenesí, de angustia amarga,
hasta la idea del hermoso sexo
tenga del débil corazón borrada.





GAZELA XXX

Llegó la rosa, amigos;
vengan, vengan los juegos;
esto mismo aconsejan
los venerandos viejos.

No hay tristeza ahora en nadie,
pero, ¡ay!, que vuela el tiempo.
Pues bebamos con ansia
mas que el tapiz manchemos.

Dulce el aura es, da gozo;
mas yo apurar prefiero
el rojo vino al lado
de un semblante halagüeño.

Venga la lira; adversa
es la suerte a los buenos.
¿Para evitar su angustia
por qué no enloquecemos?

¡Cómo brilla la rosa!
Agua y vino, que el fuego
de amor, que me consume
quiero apagar con ellos.

Hafiz, ruiseñor eres.
¿Pues cómo tú al aspecto
de las rosas pudieras
mantenerte en silencio?





RETRATO DE LA TRISTEZA DEL DOCTOR YOUNG

Sobre la negra tumba recostado
está el anciano Young; contempla atento
bajo la losa todo su contento,
porque nada la Muerte le ha dejado;

Con lágrimas su rostro está bañado,
y temblando su cuerpo macilento;
sólo consta de un ay su triste acento,
que resuena en el techo embovedado.

¡Supremo Ser -exclama-, que, subido
sobre el cerco de las estrellas prodigioso,
ves con tedio al que gusta de esta vida!,

¿cuándo será mi espíritu impelido
de tu potente diestra, y con reposo
hará junto a tu trono su manida?





SI DESPUÉS DE LA MUERTE...

Si después de la muerte, todavía
se encuentran nuestras voces dolorosas
y bajo las heladas duras losas
abrasa al pecho el fuego que solía,

prosiga el eco de la angustia mía;
y las verdes colinas que, envidiosas,
dividen nuestras tumbas silenciosas
lo aumenten y repitan a porfía;

para que sea al punto conducido
a Leyla en alas del piadoso viento
hiriendo con amor sus tierno oído.

Así tendré al morir ese contento,
que aunque me halle ya a polvo reducido,
se goce Leyla con mi triste aliento.

 

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